La fe para dar el gran salto

Cuando aprendemos la observación de sí y aprendemos a ser más conscientes de la vida en general, comenzamos a descubrir que lo que nos ha ocurrido en el pasado es consecuencia de lo que vivimos en el presente y que el presente irá construyendo nuestro futuro. Y también apreciamos que muchos sucesos de nuestra vida parecieran tener un propósito sin que nos hubiéramos dado cuenta en su momento. Apreciamos que muchos acontecimientos del pasado parecen tener un por qué y una finalidad que se explica en la actualidad. Y a medida que elevamos la consciencia a lo espiritual y nos ponemos al servicio del propósito de la creación, observamos como nuestra vida comienza a ser dirigida e inspirada para hacer lo preciso en cada situación.

Siguiendo este análisis y observación, sentimos que toda nuestra vida actual es la continuación y el efecto de vidas anteriores y percibimos la continuidad de la existencia.

Según la Cábala, ya en la primera tríada se define la finalidad de la creación que se va a ir desarrollando y manifestando. Desde la Esfera del Entendimiento surge la primera idea, el primer impulso de las formas que se irán generando. Hay aquí un determinismo. La creación posterior adquirirá finalidades, formas y propósitos establecidos en los cuales nosotros, como seres espirituales, tenemos una cierta libertad para movernos y para comprender.